Los últimos estudios confirman que escribir a mano es mucho más beneficioso para el cerebro que hacerlo directamente en el ordenador. Ayuda a mejorar la psicomotricidad fina y a estructurar nuestros pensamientos; nos ayuda a centrarnos en el presente, reduce el estrés y mejora nuestro raciocinio, nuestra memoria y nuestra capacidad de comprensión.
Cuando era más joven, solía escribir mis relatos y novelas a mano. Luego, lo pasaba al ordenador y, de paso, aprovechaba para corregir expresiones, ortografía, estructura… A fin y al cabo, no dejaba de convertirse en una primera revisión del texto.
Ya más mayor, vencido por la presión de la inmediatez, la falta del tiempo y el pragmatismo, pasé a hacerlo todo directamente en el ordenador.
Empecé la novela de Charles-Henri leyendo mis fuentes al lado del ordenador, listo para anotar las partes interesantes directamente en Scrivener. Pero, a raíz de ver un curso de novela para principiantes impartido por Cristina López Barrio donde proponía usar libretas para notas y ejercicios de desbloqueo creativo, volví a la libreta.
Menudo cambio.
Con la libreta, dibujaba cronologías, hacía anotaciones; añadía los puntos críticos que había vivido cada año, revisaba los acontecimientos más importantes. Gracias a esas notas y a aquellos esquemas, pude elegir qué momentos merecían elipsis y cuándo debía detenerme en la narración y ser más detallado. Aproveché para anotar traducciones, hacerme cuadros para recordar cuándo debía usar el tuteo y cuándo el voseo. Podía esbozar escenas, ver qué funcionaba y qué no, qué debía cambiar o explicar de manera diferente…
¿Podía hacer todo esto en el ordenador?
Por supuesto.
Pero me di cuenta de que, en mi caso, todo fluía mucho mejor usando el papel para estas cosas. Seguramente influya el hecho de que soy del 84 y crecí mientras la informática doméstica se abría paso en nuestras casas, en lugar de hacerlo cuando ya formaba parte del paisaje cotidiano, pero noto una enorme diferencia entre coger mi pluma estilográfica y ordenar mis ideas y analizarlas viéndolas y escribiéndolas en papel que haciendo lo propio en el ordenador.
Así que, si tuviera que dar algún consejo a alguien que está totalmente bloqueado y que se sienta ante el ordenador y no es capaz de escribir nada, es éste: coge una pluma, una libreta y haz esquemas, esbozos, diagramas, escaletas… a mano. Dibuja el mapa más detalladamente o más someramente y observa el paisaje que hayas dibujado. En mi caso, la libreta volvió a convertirse en el lugar donde los proyectos empiezan a respirar. Estoy convencido de que, tarde o temprano, tu cerebro también encontrará el camino.
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