Los Caminos
En cuanto te conocí, empecé a temer (como acabé comprobando —que no rectificando— más tarde) que me hubiera equivocado al […]
En cuanto te conocí, empecé a temer (como acabé comprobando —que no rectificando— más tarde) que me hubiera equivocado al […]
Pero el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? ¡Escucha!
La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.
Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir
la sangre de tu hermano derramada por ti.
Cuando lo cultives, no te dará más su fruto,
y andarás por la tierra errante y vagabundo».
Génesis 4, 10-12