Los Caminos

En cuanto te conocí, empecé a temer (como acabé comprobando —que no rectificando— más tarde) que me hubiera equivocado al elegir ciencias como especialización. Por primera vez en mi vida, alguien era capaz de hacer interesantes la lengua y la literatura. Ya no se trataba únicamente de memorizar códigos y datos; de pronto uno encontraba el sentido a todo lo que conformaba el castellano, aprendía a valorar el código riquísimo que utilizamos y a ser conscientes del potencial que guardaba dentro. Por fin los libros obligatorios, muchos de ellos decididos sin pensar en los receptores y que a muchos les provocaba aversión a la lectura, se volvían interesantes cuando explicabas sus entresijos, sus simbolismos y su autor.

Tal vez fueran tus movimientos nerviosos, la forma en la que echabas hacia atrás tu pelo; quizá fuera que pudiera casi palpar en el aire que, a pesar de que tu instinto quería que te hicieras pequeñita hasta desaparecer, te sobreponías y conseguías atraparme entre las redes de cuanto contabas.

No sólo eso: dos de los grandes referentes para mí de todos los tiempos en la literatura los descubrí gracias a ti. Recuerdo cómo conecté con «Frankenstein» de Shelley, cómo conseguí adentrarme en ese profundo análisis social, viendo de lo que era capaz el ser humano en sus horas más oscuras. Aún a día de hoy sigue siendo mi libro favorito de todos los tiempos; y aún a día de hoy sigue dándome escalofríos ver lo terrible que puede ser el ser humano.

Y, también gracias a ti, fui capaz de escuchar un libro hablando directamente a mi alma. Tú fuiste el vehículo mediante el cual Luis Cernuda llegó a mí para cautivarme con sus poemas y hablarme desde dondequiera que esté. Cuando leo sus poemas, puedo escuchar su voz directamente hablándome a mí; puedo sentir sus miedos, sus esperanzas y sus deseos. Si no me hubieras hecho llegar su «El Mirlo, La Gaviota», nunca hubiera podido experimentar esta suerte de alquimia de la que es capaz la poesía.

Fuiste tú la que, al ver cómo escribía, al leer alguno de mis relatos, me dijo por primera vez que yo estaba hecho para escribir, que había llegado a este mundo para ponerme del lado del arte. Y, cuando llegaba el final del año lectivo, supe que jamás podría olvidarte pese a que tú probablemente lo hicieras, porque jamás sabrás todo lo que aportaste a mi vida.

Contigo aprendí, demasiado tarde en mi mente adolescente, que yo era un hombre de letras que había escogido un camino equivocado y que, estudiara lo que estudiara, no podía dejar de leer ni de escribir. Cuando, al año siguiente, te trasladaron a otro instituto y te perdí la pista, se me antojó pensar que habías resultado para mí casi una figura délfica, como aparecida en medio de brumas, sólo para anunciarme que jamás podría desvincularme de las letras, porque formaban parte intrínseca de mí.

#MiMejorMaestro Concurso de relatos

Photo by maria paula contreras on Unsplash

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