De narradores anda el juego (2)

En la entrada anterior empezamos a ver que elegir un buen narrador para contar nuestra historia puede ser crítico para que ésta funcione, y vimos las dos primeras preguntas que debíamos plantearnos: si nuestro narrador iba a ser o no omnisciente y si íbamos a usar un narrador focalizado en un personaje, en varios o en ninguno. Una vez  respondidas estas preguntas, deberemos plantearnos en qué persona nos interesa más narrar para darle más fuerza a nuestra historia y hacer, a fin de cuentas, que ésta funcione.

Por supuesto que podemos escribir en cualquiera de las tres personas que tiene el español.

Como en todo, en literatura podemos ahondar tanto como queramos y analizar tan profundamente como nos venga en gana, pero veamos una clasificación aceptable sobre los narradores, si bien puede que no sea la más exhaustiva de todas:

Narrador en primera persona

  • Narrador protagonista. Este narrador cuenta su propia historia. Es, por tanto, el protagonista y todo lo que ocurra lo sabremos gracias a él. Es un narrador obviamente subjetivo y le impide ser imparcial, no pudiendo interpretar objetivamente y de forma absoluta las acciones de los demás personajes. Es el narrador ideal si queremos crear empatía rápidamente hacia nuestro personaje. Hay numerosas obras que usan este recurso: Poe en los cuentos de «El Gato Negro» o «El Corazón Delator, o las Crónicas Vampíricas de Anne Rice son sólo unos pocos ejemplos.
  • Narrador testigo. En este caso el narrador no es el protagonista de la historia. Se trata de un personaje secundario pero que se ve implicado en los acontecimientos. El clásico ejemplo son las narraciones de Sherlock Holmes, donde el narrador no es el detective, sino Watson.
  • Monólogo interior y flujo de conciencia. El monólogo interior introduce una reflexión, casi una disertación, sobre un tema. Intenta reproducir los mecanismos de la mente usando, por ejemplo, las asociaciones de ideas, que permiten ir y venir de un tema a otro con cierta continuidad. Mientras que el monólogo interior guarda cierta coherencia lógica, gramatical y ortográfica, el flujo de conciencia es, a grandes rasgos, el monólogo interior llevado al extremo. Nacido en el siglo XX, evoca el flujo ininterrumpido de pensamientos que tiene el personaje a medida que surgen y en el orden que surgen, sin que haya forzosamente un orden lógico, dando la impresión de que se trata de la reproducción de los pensamientos tal como llegan a la mente. Es esta falta de lógica y orden la diferencia básica entre el flujo de conciencia y el monólogo interior. Existen diversas técnicas para emular esto, y si es necesario se abordarán en otro post. Ejemplos del flujo de conciencia son Joyce en su Ulisses o Bernhard en Sì.

Narrador en segunda persona

El narrador en segunda persona es, con diferencia, el narrador menos usado de todos. Podemos usar este narrador para hablar directamente al lector, para hacer de un ser superior que habla directamente al protagonista (le oiga o no) mientras ocurre la acción o bien si la mente del protagonista o su alma habla directamente al personaje o al lector.

Narrador en tercera persona

  • Narrador omnisciente. El narrador conoce todos lo relacionado con la narración. Puede escoger ser o no objetivo y puede elegir o no influir o “aleccionar” al lector (aunque soy de la inmensa mayoría que defiende que ya no estamos en el siglo XIX para aleccionar a nadie). Expone y comenta las acciones de los personajes, los acontecimientos que se desarrollan, se interna en los personajes, accediendo a sus pensamientos, incluso a los más íntimos, en sus estados de ánimo y en sus sentimientos. Posee el don de la ubicuidad, cosa que le permite dominar la totalidad de la narración, accediendo incluso al futuro y al pasado. Es el narrador más usado y, sin duda, el narrador clásico.
  • Narrador testigo. El narrador en este caso no es el protagonista ni tampoco un personaje secundario, simplemente es un testigo de lo acontecido que cuenta lo que vio.
  • Narrador cámara. Este narrador sabe menos que el protagonista. Simplemente se limita a narrar lo que acontece, como si fuera una cámara que registra lo que ve. Por tanto, no podrá urgar en los pensamientos de nadie, suponer o hablar de algo que no ocurra en ese momento.
  • Enfoque narrativo múltiple. Por supuesto, podemos elegir combinar distintos narradores en nuestra historia si lo consideramos necesario. Podemos, por ejemplo, usar muchos narradores protagonistas, o múltiples narradores en tercera persona focalizados en los protagonistas (un buen ejemplo sería «Juego de Tronos»). Podríamos usar dos narradores en primera persona, uno omnisciente y otro protagonista…

Lo verdaderamente importante es, al fin, encontrar la fórmula que mejor nos convenga para contar efectivamente nuestra historia.



Imagen cortesía de Drew Coffman

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