El Lugar Seguro

Incluso la psicología habla de lo beneficioso que es crear en tu mente un “lugar seguro”, un lugar mental al que volver cuando la realidad te sobrepasa; un sitio con el que soñar, en el que refugiarte para respirar un poco, recuperar fuerzas y tomar carrerilla antes de seguir adelante. No importa lo que sea: un recuerdo que te traiga felicidad, un olor que te lleve a tiempos mejores o un lugar especial.

En mi caso, desde que tengo uso de razón y sin que nadie en mi familia me animara a ello (no son especialmente francófilos), ese lugar es París. Recuerdo que mi madre, bromeando, me decía que la única explicación que encontraba a mi obsesión con esa ciudad era que hubiera vivido allí en otra vida. Cuando tenía seis o siete años, me eclipsó la Torre Eiffel; más tarde lo haría Versalles y la historia de Francia. Así que cuando me propusieron ir a vivir una temporada a París se entremezclaron en mi interior muchísima ilusión —por fin podría vivir en la ciudad de mis sueños— y muchísimo miedo, pues si descubría que mi lugar seguro no era lo que esperaba, no tendría lugar mental al que regresar.

Afortunadamente, París y Versalles no sólo estuvieron a la altura: fueron aún mejor de lo que esperaba. Creo que nunca encontraré las palabras para describir todo lo que me hicieron sentir: la magia de la Galería de los Espejos, los macarons ispahan de Pierre Hermé que Gilbert me recomendó y que degusté sentado en la Place des Vosges, pasear por mi adorado Marais, vagabundear por las pequeñas librerías parisinas, deambular por Montmartre, poder entrar en Notre Dame antes de que ocurriera su desgracia; leer en Père Lachaise o visitar las Catacumbas, las innumerables iglesias y los museos; la noche inolvidable en el bateau-mouche o las conversaciones con la chica que me tatuó y el paseo hasta el Hôtel de Ville que daba después. Cuando volví, sin duda una parte grande de mí se quedó allí.

París sigue siendo mi lugar seguro. Cuando había tenido un mal día en el trabajo, al llegar a la ciudad y ver sus tejados de cinc y pizarra me embargaba una oleada de buen humor y felicidad. Y ahora que estoy aquí, cuando tengo un mal día basta con rememorar París para encontrar mi remanso de paz y sentirme bien. Porque no hay nada como tener algo a lo que regresar.

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro lugar seguro?

Photo by Grillot edouard on Unsplash

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